| Embalado
Enrique en la carrera de la fidelidad, se pregunta con frecuencia: ¿Qué quieres, Señor? El discernimiento de la voluntad de Dios exige oración, reflexión profunda, consejo, renuncia. ¿Y si la empresa es tal que rebasa toda fuerza humana? Hará falta más humildad, más oración, mayor renuncia. En 1876 funda la Hermandad Josefina. Funda el Rebañito del Niño Jesús, para niños. Y será en la madrugada del 2 de abril cuando la mano del P. Enrique traza el esbozo de su obra cumbre: la Compañía de Santa Teresa de Jesús. La perfila con precisión de fundador, la acaricia con amor de padre, la somete a la aprobación competente con desprendimiento y humildad de santo. ¿Dios lo quiere? ¿Sí? ¡Pues adelante! «Educar una mujer es educar una familia... Formar maestras según el espíritu de Santa Teresa...»Como ella lo haría ahora: orar, enseñar, vivir el Evangelio. ¿Dónde? En todo el mundo. Nuevas andariegas de Cristo, dispuestas siempre a caminar. Consciente de la importancia de la obra, el P. Enrique dedicará a la Compañía lo mejor de su vida apostólica. Organiza, orienta, aconseja, escribe. Respeta siempre. Es maestro en el arte de la formación de líderes. Tendrá a punto la palabra que ilumina y el perdón que serena y fortalece. Pero irá dejando a las religiosas la libre decisión en el gobierno de la Compañía. Acompaña de cerca. Sufre incomprensiones, desgarrones en su fama, es perseguido por causa de la justicia, y se mantiene firme, sereno, siempre fiel a la Iglesia, a su sacerdocio y a la Compañía de Santa Teresa. A veces se retira a la soledad del Desierto de las Palmas, no por fuga sino para ver mejor. Ora, piensa, escribe, |
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Nos
movemos en un mundo en el que el Amor no es amado. Debemos evangelizar
sin descanso, haciendo de nuestra vida un evangelio viviente. Esto es
lo único válido, pues solo Dios basta. |
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